domingo, 8 de mayo de 2011

Entiendo las inquietudes de las personas cuando interrogan a la Iglesia Católica con las clásicas problemáticas como la cuestión del Vaticano y su oro, de la falta de coherencia en la vida de algunos sacerdotes y válidos pero improductivos interrogantes que les surgen en su interior. Pero más allá de dichas cuestiones, de dichos interrogantes, el camino no es la crítica destructiva, el camino es el Amor. Ese amor que abre los ojos de las personas y del alma a un entendimiento más amplio y profundo de la realidad, y si logramos encontrar ese mismo Amor en cada uno de nosotros, en cada uno de ustedes, en usted querido lector, en el hermano de al lado o de enfrente, así unidos podremos construir el País que todos queremos, promover un mensaje que aliente al desarrollo integral de la persona y la erradicación de la pobreza, tanto material como cultural, venga de donde venga y sea de quien sea y siempre que provenga desde la buena voluntad y desde la recta intención del hombre, entonces, recién ahí, cuando nos aceptemos y ya no veamos las diferencias políticas ni religiosas, vamos a estar uniéndonos en un mismo grito de esperanza, en un mismo ambiente de comprensión y de edificación de la humanidad.
Es menester comprender que Iglesia somos todos los católicos, no solo la institución edilicia, los invito a acercarse y que vivifiquen que muchas posiciones que sostienen son prejuicios, acusaciones que están muy lejos de la realidad actual.
No miremos al pasado, basta del pasado. Ya pedimos perdón por hechos como la Santa Inquisición, "el apoyo a la dictadura", el beato Juan Pablo II ya pidió perdón, pero si entre nosotros la disculpas no significan nada, si la renovación de los lazos no se consideran, si no entendemos que Jesucristo no era un filósofo simplemente, no era un simple reformador, era y es mucho más que eso, no vamos a poder haber sido y ser hoy en día una imagen viva del amor que predicaba, de la Iglesia que el mismo instituyo, soñó, con sus errores humanos pero con muchos mayores aciertos.
La Iglesia es una familia, la iglesia soy yo, es mi hermano de al lado y no solo la institución propiamente dicha, la Iglesia son las diócesis, los grupos católicos y la gente que está dándole de comer por todo el país a los mas necesitados. El verdadero oro del Vaticano está en África. Los incito a abrir sus horizontes, conocer la verdadera esencia y realidad de lo que juzgamos, a comprometernos con nuestra formación y cultura. 
Lean la vida de los santos, sumérjanse en la vivencia de la Iglesia, interiorícense, comprométanse a conocer y crecer, no vivan de prejuicios ni solo de lo que leen, no oigan una única campana, yo no oigo una única campana cuando me introduje en otros tipos de pensamientos políticos y culturales, cuando me abrí por mucho tiempo a otros horizontes y a otros grupos, pero al concluir siempre vuelvo a Él, siempre vuelvo a Jesús, siempre vuelvo a mi Iglesia como comunidad, como institución, como Don de Dios, una Iglesia que aunque ustedes por no estar en ella no lo creen, es más contempladora, misericordiosa, inclusiva y democrática de lo que les parece.
Al fin y al cabo, como dijo San Agustín, que vivencio por mucho tiempo la ignorancia y el error: "nadie ama lo que no conoce".

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