lunes, 1 de agosto de 2011

Evangelio según San Mateo 14,22-36.


Señor Jesus, gracias por venir de forma gloriosa a mi vida, caminando sobre las tribulaciones de mi ser, sobre el mar inquieto de mi corazón que buscaba solo satisfacerse mediante las cosas del mundo y vagaba sin brújula por el océano de la ignorancia. Gracias porque como Pedro, tambíen me invitas a seguir tus huellas, a no dudar, a tener fé, a caminar hacia ese abrazo de Padre que en medio de los vientos y tormentas de mi existencia, me espera para reconfortarme.

Jesús, te agradesco tambíen, porque como a Pedro, cada vez que me hundo y me pierdo, cada vez que la debilidad de mi ser te rechaza o la falta de voluntad de mi corazón no te busca, me estiras tu mano, como un amigo, como un maestro: Para salvarme.
Cada vez, que te permito entrar en mi barca, es decir, en mi corazón, me llenas de paz y de tranquilidad y es en medio de este estado en el que te reconozco como mi Señor y consigo llenarme de gozo.

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